martes, 28 de julio de 2009

Sentencia a muerte

Era una sentencia a muerte, un grito alzado al cielo, una conjura silenciosa, una daga clavada en la espalda. La vida se le pasaba por los ojos, opaca. Las horas corrían a una velocidad espeluznante, se esfumaba sin apenas poder intervenir en ella, pensando en la muerte, siempre en la muerte, el final, el gran objetivo del cansino camino. Todos los ojos que lo miraban le eran desconocidos, con un aura de desconfianza que afianzaba aun más su odio hacia las personas, con sus cuchillos preparados para volver a ensangrentar su espalda llena de cicatrices. Era… era una sentencia a muerte.


Ara

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