Era uno de esos días cualquiera, en los que no sucede nada fuera de lo normal, con un amanecer normal, un despertar normal, un mediodía normal… uno de esos momentos en los que parecen confundirse los días, no sabes si hoy es hoy o ayer, si es lunes o viernes, simplemente el tiempo pasa pensando en lo mismo, con alguna leve variación. A primera hora miré el despertador, no quería levantarme, tenía esa extraña pesadez en el cuerpo, como un gran peso sobre mi espalda que no me dejaba poner los pies en el suelo. Tras un momento en el que traté de mentalizarme de que ya era hora de abrir los ojos, abrí la puerta y salí, sentí la necesidad de escapar de las cuatro paredes que en esencia forman mi casa, coger algo de aire, errar… Pero de lo que realmente tenía ganas era de cambiar la temática tan desgastada ya de mi cabeza, nunca pude imaginar que por ella rondaran los mismos pensamientos durante meses, años… Esa sensación de monotonía, rutina… iba sintiendo como carcome el cuerpo poco a poco del interior al exterior, y sin quererlo, se va creando un profundo sentimiento de apatía hacia el resto del mundo, las palabras que otros te envían suenan lejanas, imperceptibles. Sin quererlo no prestas atención porque esa pesadez de la que antes hablaba ocupa casi la totalidad de tus sentidos. Estaba claro que necesitaba un cambio, me vestí sin pararme demasiado en comprobar si la camisa pegaba con los pantalones o con las pulseras, nunca me han importado demasiado esa clase de “problemas”. Caminé durante horas, buscando sin buscar, esperando sin esperar.
Ara
No hay comentarios:
Publicar un comentario