Miró por la ventana mientras de su boca exhalaba el humo de un cigarro. Con la luz de fondo el humo parecía formar galaxias en un oscuro espacio, formas abstractas, parecía incluso danzar con el viento. Era de noche, la luz de algunas farolas que iluminaban la calle se filtraba hasta llegar a la habitación. Sobre la cama estaba ella, desnuda y boca abajo, con una sábana resbalándose entre sus piernas y el pelo ondulado cayéndole sobre la espalda. Era guapa, no había duda en ello, las suaves curvas que se advertían eran encantadoras... pero apenas recordaba su nombre. Estaba concentrado en el exterior, en el dulce viento que le llegaba a la cara y movía su no muy largo pelo. En ese instante el cigarro llegó a su fin, lo apagó en el cenicero que se encontraba junto a la ventana y desvió la atención hacia la silueta que ahora dormía en su cama. Estuvo bastante bien, habían pasado dos horas enteras intercambiando placer, si… había estado muy bien… pero sólo había sido eso… sexo, vacío, sin ningún sentimiento que demostrar. Otra de las tantas chicas a las que follar, uno más de esos momentos que a veces se le antojaban rutinarios, una forma de aplacar una necesidad física, de intentar llenar un hueco de soledad que no hacía mas que crecer, una sed insaciable. Estaba cansado de eso… añoraba otra cosa, añoraba abrazar a alguien y sentir cosquilleos intensos en el estomago, añoraba sentir la necesidad de demostrarle a alguien todo lo que sentía, vomitar sentimientos sin hablar, fundir su cuerpo en silencio con otra persona, y sentir que era eso en lo único que se podía pensar en aquellos momentos; en ella, en los sentidos, en la necesidad de vomitar emociones… Se puso la camisa en silencio, abrió la puerta con cuidado para no despertarla y salió a dar una vuelta intentando desviar aquellos pensamientos de la cabeza para al día siguiente volver a follarse al vacío.
Ara
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