domingo, 28 de junio de 2009


De nuevo decadencia, de nuevo aire viciado, usado, aliento impregnado con el agrio olor del alcohol. Sensación de pesadez, sensación de ahogo, una parada en el tiempo, un stop en el espacio. Busca una salida, busca una solución. ¿Es el escenario el mismo? ¿El mismo de hace seis años? ¿El mismo de hace diez? Este lugar se encoge, me agobia, me falta el aire, las mismas palabras repitiéndose en mi mente, joder.

Ara

miércoles, 24 de junio de 2009


Cuando la tierra estaba debajo de mi piel desnuda sentí el leve dolor de pequeñas ramas y piedrecillas rozándome, quería que se incrustasen más hondo, que mi piel se tiñese de un chillón color rojo. Dolor, dolor… agudo, profundo, una mera salida, una forma de evadir la culpabilidad, de transformar las partículas que flotan en el aire en un muro que separe al ser conocido del ser desconocido, al previsible del imprevisible, al moral del inmoral. Contradicciones constantes, ojos poco fiables, interiores inundados en jugos ácidos. La mente estalla cuando no parece formar parte del mundo y la gente que le rodea, aparece de nuevo la cúpula transparente, aparece de nuevo el planeta fantástico, irreal.

Ara

jueves, 18 de junio de 2009

En la mente de una adicta al amor insano

Ayúdame… no puedo dormir por las noches, no puedo comer… el estómago se me quedó lleno de nostalgia. Por favor, ayúdame a entenderme, ¿podría pedirte que salieses de mi mente? ¿Podría acaso pedirte que no me visitaras todas las noches en sueños? Quizás mis moratones en la espalda te echen de menos, quizás ahora sienta placer en lugar de dolor. Ahora no me importará cuando me llames puta, tampoco me importará cuando tires la comida que te he preparado. Sé que tuve la culpa, pero es que a veces no te entiendo, joder, es que te quiero, querer es poco, te amo, te necesito… Y sé que seguiré insistiendo, aunque no me quieras realmente yo conseguiré que me ames. Porque tú lo has dicho, tú lo dijiste, dijiste que siempre estarías ahí, que me querías, que me echabas de menos. Pero cambiaste… cambiaste repentinamente. ¿Lo hice mal, verdad? No te gustó mi interior, ni el roce de mi piel. A veces soy estúpida, lo sé… pero por favor dame otra oportunidad. Seré capaz de hacer cualquier cosa por tenerla, eso no lo dudes, y es que te quiero, te quiero, te quiero, te quiero…

Irracionalidad

Ara

jueves, 11 de junio de 2009

Tarta de manzana

Frases hechas, como recetas preparadas para una gran industria de postres iguales, son dulces a veces, empalagosas... y es que cansan cuando se repiten a lo largo del tiempo. Ahora al probarlas puedo diferenciar cada ingrediente, pierde el encanto. Mi cara ahora parece menos simpática, es la experiencia que me hizo abandonar la ingenuidad, ¿un recurso?

_ ¿Tiene azúcar esta tarta?
_ No, es sacarina.

miércoles, 10 de junio de 2009

Helios y Selene


Selene tenía la vista clavada en el cielo, quería escapar, quería fundirse con las estrellas… Aquella noche todo era irreal, cada segundo parecía desdibujarse en el tiempo… como en un sueño. Con las piernas flexionadas sobre la cama, con aquella enorme ventana abierta de par en par, una paradoja de libertad. Helios la observaba desde la puerta, los rasgos de su perfil, con el cabello largo y ondulado cayéndole sobre los hombros… estaba especialmente hermosa aquella noche, o tal vez también fuese el efecto del alcohol, o la luz de las estrellas sobre su rostro, o el tiempo que había pasado sin verla… La deseaba… la deseaba como siempre la había deseado en cada uno de los sueños que cada vez eran más frecuentes, cuando se despertaba abrazando su sombra, su lejano recuerdo, con el sudor cubriéndole el rostro y una lágrima de frustración resbalándose por uno de sus ojos brillantes.

Tal vez también eran las ansias de alcanzar lo que no puede alcanzarse, el morbo de lo prohibido, lo maravilloso de lo onírico, la incógnita de lo que se esconde en el espacio invisible del contraste. El dulce rostro de Selene en su elemento, la noche, se giró a mirarlo, le regaló una sonrisa cálida, y continuó mirando las estrellas… Ella siempre absteniéndose de preocupaciones, viviendo en un mundo imaginario, sin duda mejor que el verdadero mundo que nos rodea. Helios quería sumergirse en ese mundo mágico con ella, tomar su mano pálida y fría y flotar en la inmensidad del cielo eternamente. Su propio temperamento a veces lo asustaba, se veía en ocasiones enfurecido, le causaba un profundo odio que Selene no lo siguiese como tantas otras criaturas lo habían hecho a lo largo del tiempo. Su orgullo era incontrolable, y odiaba la frustración. Por su mente pasó fugazmente la idea de coger una cuerda y atarla para poder saciar su sed de ella, pero cerró los ojos e intentó apartarla de la cabeza.

Por fin se atrevió a sentarse a su lado, Selene sintió el calor que emanaba el fuerte aura de Helios, notó sus ojos azules clavados en su cuello, notó como una de las manos de éste se movían y se iba acercando lentamente hacia sus piernas flexionadas. Por un momento sintió miedo, sabía lo que Helios quería, pero ella no lo deseaba… Sujetó las manos de él y las retiró suavemente. Pero Helios no aguantaba más, su interior orgulloso salió a borbotones por cada poro de su piel morena, sus ojos azules de encendieron en deseo y obsesión, y sujetó el dulce rostro de Selene, la tomó con fuerza y absorbió sus labios rojos y carnosos, los degustó desesperado mientras sentía como en su interior se gestaban espasmos de placer que crecían por cada violento beso que le robaba. Ella intentó luchar… pero acabó dejándose llevar por el calor de él…

Las pupilas de Helios se dilataron de golpe, miles de chispas corrían por las venas bombeadas a una velocidad sobrehumana por su enorme corazón, quitó cada prenda de Selene lentamente, disfrutando del suave calor que desprendía su cuerpo encogido, observando su piel blanca y suave. La acostó con fuerza sobre la cama, le excitó profundamente ver como el tórax de ella subía y bajaba con fuerza, le gustaba notar el miedo de Selene personificado en cada desesperada inspiración y expiración, por un segundo sintió asco de sus propios sentimientos, pero pronto esa idea se desvaneció.

Sus manos danzaron sobre piel blanca… suave, suave. Intentaba llevarse su esencia mediante el tacto. Quería que ella sintiera placer, bajó poco a poco la mano entre sus piernas temblorosas, acarició lentamente, con cuidado… ella no pudo evitar regalarle un gemido, y Helios sonrió, se sintió poderoso, experimentó el éxito, una extraña sensación que no había sido saciada del todo.

Los ojos de Helios volvieron a cambiar, se quitó la ropa, abrazó a Selene, quería fundirse con ella, quería tenerla cerca… muy cerca, y con un grito desgarrado de Selene, Helios consiguió calmar sus sueños, llevarlos al mundo de los sentidos, palparlo, olerlo… y entró en su cuerpo, consiguió tenerla cerca.
Se fundió el sol y la luna…

Ara

martes, 9 de junio de 2009

Woody Allen


"Hay un viejo chiste, Dos mujeres de edad en un hotel de alta montaña comenta una a la otra, "¡Vaya, aquí la comida es realmente terrible!", y contesta la otra: "¡Y además las raciones son tan pequeñas!". Pues básicamente así es como me parece la vida, llena de soledad, histeria, sufrimiento, tristeza y sin embargo se acaba demasiado deprisa."

"Lo mejor de la masturbación es el final: los cariñitos"(Hollywood ending, 2002)

"De pequeño siempre quise tener un perro, pero mis padres eran pobres y sólo pudieron comprarme una hormiga."

"Cómo quieres que te olvide si cuando comienzo a olvidarte me olvido de olvidarte y comienzo a recordarte."

"A las cuatro de la mañana nunca se sabe si es demasiado tarde o demasiado temprano."

"Yo estoy chapado a la antigua, no creo en las relaciones extramatrimoniales. La gente debería aparearse para siempre como las palomas... o como los católicos." (Manhattan, 1979)

"Amaos los unos sobre los otros."

martes, 2 de junio de 2009

¿Tienen rostro las rocas?

El decrépito estruendo de una roca al caer en un profundo hueco sin fondo. Es decrépito, es estruendo cuando no puede distinguir el tímpano un sonido, cuando no puede afirmar la mente la existencia del vacío, del maldito puto vacío. Y de entre los ojos un río, un mar que resbala por la tierra de las mejillas y desemboca en la hendidura de los labios gruesos y tibios. En una red roja se empaña el glóbulo blanco, mirando hacia el espejo una figura patética devuelve una sonrisa forzada. Tal vez en busca de una posición adecuada, un gesto adecuado, un perfil adecuado… Y piensa en una palabra… falacia.

Ara