
Selene tenía la vista clavada en el cielo, quería escapar, quería fundirse con las estrellas… Aquella noche todo era irreal, cada segundo parecía desdibujarse en el tiempo… como en un sueño. Con las piernas flexionadas sobre la cama, con aquella enorme ventana abierta de par en par, una paradoja de libertad. Helios la observaba desde la puerta, los rasgos de su perfil, con el cabello largo y ondulado cayéndole sobre los hombros… estaba especialmente hermosa aquella noche, o tal vez también fuese el efecto del alcohol, o la luz de las estrellas sobre su rostro, o el tiempo que había pasado sin verla… La deseaba… la deseaba como siempre la había deseado en cada uno de los sueños que cada vez eran más frecuentes, cuando se despertaba abrazando su sombra, su lejano recuerdo, con el sudor cubriéndole el rostro y una lágrima de frustración resbalándose por uno de sus ojos brillantes.
Tal vez también eran las ansias de alcanzar lo que no puede alcanzarse, el morbo de lo prohibido, lo maravilloso de lo onírico, la incógnita de lo que se esconde en el espacio invisible del contraste. El dulce rostro de Selene en su elemento, la noche, se giró a mirarlo, le regaló una sonrisa cálida, y continuó mirando las estrellas… Ella siempre absteniéndose de preocupaciones, viviendo en un mundo imaginario, sin duda mejor que el verdadero mundo que nos rodea. Helios quería sumergirse en ese mundo mágico con ella, tomar su mano pálida y fría y flotar en la inmensidad del cielo eternamente. Su propio temperamento a veces lo asustaba, se veía en ocasiones enfurecido, le causaba un profundo odio que Selene no lo siguiese como tantas otras criaturas lo habían hecho a lo largo del tiempo. Su orgullo era incontrolable, y odiaba la frustración. Por su mente pasó fugazmente la idea de coger una cuerda y atarla para poder saciar su sed de ella, pero cerró los ojos e intentó apartarla de la cabeza.
Por fin se atrevió a sentarse a su lado, Selene sintió el calor que emanaba el fuerte aura de Helios, notó sus ojos azules clavados en su cuello, notó como una de las manos de éste se movían y se iba acercando lentamente hacia sus piernas flexionadas. Por un momento sintió miedo, sabía lo que Helios quería, pero ella no lo deseaba… Sujetó las manos de él y las retiró suavemente. Pero Helios no aguantaba más, su interior orgulloso salió a borbotones por cada poro de su piel morena, sus ojos azules de encendieron en deseo y obsesión, y sujetó el dulce rostro de Selene, la tomó con fuerza y absorbió sus labios rojos y carnosos, los degustó desesperado mientras sentía como en su interior se gestaban espasmos de placer que crecían por cada violento beso que le robaba. Ella intentó luchar… pero acabó dejándose llevar por el calor de él…
Las pupilas de Helios se dilataron de golpe, miles de chispas corrían por las venas bombeadas a una velocidad sobrehumana por su enorme corazón, quitó cada prenda de Selene lentamente, disfrutando del suave calor que desprendía su cuerpo encogido, observando su piel blanca y suave. La acostó con fuerza sobre la cama, le excitó profundamente ver como el tórax de ella subía y bajaba con fuerza, le gustaba notar el miedo de Selene personificado en cada desesperada inspiración y expiración, por un segundo sintió asco de sus propios sentimientos, pero pronto esa idea se desvaneció.
Sus manos danzaron sobre piel blanca… suave, suave. Intentaba llevarse su esencia mediante el tacto. Quería que ella sintiera placer, bajó poco a poco la mano entre sus piernas temblorosas, acarició lentamente, con cuidado… ella no pudo evitar regalarle un gemido, y Helios sonrió, se sintió poderoso, experimentó el éxito, una extraña sensación que no había sido saciada del todo.
Los ojos de Helios volvieron a cambiar, se quitó la ropa, abrazó a Selene, quería fundirse con ella, quería tenerla cerca… muy cerca, y con un grito desgarrado de Selene, Helios consiguió calmar sus sueños, llevarlos al mundo de los sentidos, palparlo, olerlo… y entró en su cuerpo, consiguió tenerla cerca.
Se fundió el sol y la luna…
Ara
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