Y entre las flores marchitas descansa tu cuerpo. Entre la muerte… entre la vida. Tus ojos opacos con lágrimas ocultas miran al cielo, gritan un “vuelve” y a la vez un “adiós”. En la garganta un nudo. En el pecho un cinto apretado con fuerza. Y los ojos opacos mirando hacia el cielo. La garganta reseca. Las manos abiertas. Imploras al viento, buscas ayuda en lo invisible, en lo irreal. Mírame a los ojos y dime un “te quiero”. Dedícame una sonrisa. Muéstrame el calor que aún guardas en tu interior. Y con los ojos alzados al cielo…
(La eterna ignorante)
Ara
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