No hace falta
No hace falta que sobreactúes, no hace falta que pronuncies las palabras de memoria, no hace falta que tus labios suelten un “te echo de menos”. No, no hace falta. Y es que en el interior de tu cuerpo sólo se esconde un vacío, un profundo hueco, una necesidad física, una rutina, un “no me apetece decir no”. Es un interrogante, un enorme interrogante y entre tus piernas se esconde la respuesta.
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