martes, 4 de agosto de 2009

Distorsiones

La casa estaba allí, como él siempre me había contado, imponente, grandiosa. Una mancha gris en medio de la hierba que se extendía como si las semillas de las que nacieron, se hubiesen esparcido por medio de un profundo suspiro…. El color de la hierba estaba apagado, sin vida, de un verde pálido, como si no quisiese llamar demasiado la atención, crear un ambiente apagado.

El sol se ponía en la lejanía. Del cielo brotaban rayos rojizos que lentamente se iban ocultando tras el horizonte. Horizonte que recordaba a un tejido aterciopelado, mientras una fría brisa contoneaba las hojas de la hierba hacia un lado y otro.

Silencio… quizás demasiado, me erizaba la piel y la brisa removía mi pelo haciéndolo danzar a un lado y a otro… como la hierba… Aún recuerdo el miedo que sentí al encontrarme ahí, en medio de un desierto verde pálido y allí… frente a mis turbados ojos la imponente casa gris, grandiosa… que emitía leves rugidos, como si la brisa la perturbase.

Mis pies descalzos rozaron el tacto de la hierba húmeda… pero a cada paso que daba, aquellos pequeños brotes verdes me quemaban la planta de los pies… y dolía, dolía demasiado… Y comencé a dejar un leve rastro rojizo tras mis pasos, y a pesar de todo, seguía caminando hacia delante, mecida por el viento… Aquellas escaleras estaban tan cerca de mí ahora… esas escaleras que daban a una puesta entreabierta… que me invitaba a pasar. Sólo unos centímetros… ya casi estaba allí…

De la casa se escapaba cierta aura extraña, desconocido, como un cálido aliento que no era mío. Descubrí que aquel lugar pertenecía a otra persona, que me adentraba en terreno varado. Subí las escaleras despacio, la madera crujía bajo mis pies ahora cubiertos por un líquido intensamente rojo… Aún escocía cuando entraban en contacto con la madera podrida de la casa… pero seguí hacia el interior… Y sentía que hacía mal al entrar allí… al fin y al cabo, nadie me había invitado.

Me estremecí al tocar el frío pomo de la puerta, estaba helado y acuchilló mi mano al ponerse a su alcance. Estaba oscuro… todo sumido en la penumbra absoluta… Mi respiración era demasiado agitada, pero sabía que debía continuar si quería encontrarlo.

De repente, una luz me advirtió de la existencia de una puerta en lo alto, en el segundo piso. Rugidos de nuevo… la casa sufría, o se retorcía de rabia… la piel se me erizó sin poder controlarlo… y entré en aquella habitación… Y todo lo que había visto hasta ese momento se desvaneció en un segundo…

Todo estaba recubierto por espejos, era una especie de baño gigantesco. Mi reflejo se repetía decenas, infinidad de veces. Me miraban desde varias perspectivas, me observaban de arriba abajo, parecía como si quisieran desafiarme.

Algunas zonas de las paredes estaban recubiertas por una fina capa de mugre. Miré al suelo, ¿Por qué bajo mis pies había un charco de sangre?, el contacto frío de las losas, suaves, pero duras. Algunas piedrecillas se me pegaban a la planta de los pies, se fundían con la sustancia viscosa que se acumulaba a mi alrededor y dolía, se enganchaban en la carne y se incrustaban más a cada paso que daba…

Miré hacia los lados, algunos grifos de agua llenos de óxido se disponían en el centro, debía de hacer mucho tiempo que no se usaban porque la cal se aferraba al hierro de las llaves. Todos estaban mal cerrados o simplemente funcionaban así, el agua goteaba con su “tic, tic, tic” y el eco inundaba cada rincón…

Por fin le vi, había logrado penetrar en su mente, en su subconsciente… en su sueño…

Estaba ahí, en una de las muchas duchas del enorme baño, oculto en la penumbra, no lo veía pero estaba totalmente segura de que me observaba, sentía su gélida mirada clavada en mi cuerpo, en mi nuca, observando como tomaba profundas bocanadas de aire y como un sudor frío se resbalaba por mi frente. Su silueta era pequeña, frágil, pero tenía esa cosa, ese no se qué inexplicable que nos hace sentirnos inseguros o alerta cuando hay peligro cerca…

No se movió, estaba en su terreno. Tanto él como yo sabíamos que tenía todas las de perder… debía ajustarme a sus reglas ahora. Mis ojos permanecían muy abiertos, estaba paralizada, mis piernas no podían hacer otra cosa más que temblar. Por fin se movió, decidió salir de su escondite, pero sin llegar a mostrarse. Algo me dijo que sonreía, si… con una de sus sonrisas maliciosas… cargada de malas intenciones, cómo le divertía todo aquello… le odiaba.

-Sabía que volverías… no estaba seguro de cuándo, dónde o en qué lugar, pero sabía que regresarías revolcándote ante mí…

Sus palabras sonaron rasgadas, con esa vocecilla profunda suya que erizaba la piel. Golpearon mis tímpanos y no me sentí más que basura apestosa en descomposición. No dije nada.

-Siempre supe que no eras más que una arrastrada, toda la vida has estado arrastrándote por el suelo, manchándote de mierda, y no hacías más que esparcir perfume sobre ella, ya sabes, para ocultar toda esa porquería que ibas acumulando en tu espalda._Rió_ Pero el olor es demasiado fuerte ¿no crees? Un poco de colonia no podía hacerlo desaparecer. Y yo siempre estuve a tu lado… muy cerca, guiándote, susurrándote al oído cada uno de los pasos que debías tomar para ser alguien, para que fueses tú misma. Te dije que no debías dejarte llevar por nadie… sólo yo era de fiar, debías obedecerme… sin embargo, me olvidaste, pasaste totalmente de mi, y desaparecí… pero te observaba, siempre te estuve vigilando.

Noté como le castañearon los dientes.

-¿Creías que te desharías de mí?

-Si, y lo conseguí.-Respondí con voz insegura.

-¿Entonces, por qué estas aquí?

-Vengo para acabar de una vez contigo, para enfrentarme. -respondí.

-Cuánta seguridad percibo en tu voz… pero te conozco… te conozco más de lo que piensas… sé como eres realmente, conozco el ser que realmente duerme bajo esa máscara tan absurda que llevas puesta… ¿Es que no recuerdas todo eso que hicimos juntos? Tú y yo… que bien nos lo pasamos, todos tus impulsos afloraban sin cadenas, sin barreras, y las carcajadas no paraban de escaparse de tu boca, porque eras feliz, libre…

Otra vez aquella estúpida sonrisa suya, no lo aguantaba, la ira cada vez se agolpaba más en mi garganta. Dejé que continuase hablando.

-Esas noches llenas de placer… esa sangre que deseabas derramar con tus propias manos…

- ¡Cállate! Para…_ No podía aguantarlo más, debía callarlo, todo se me estaba escapando de las manos.

-¿No te gusta escuchar la verdad? ¿No te gusta escarbar dentro de ti? Admite que disfrutaste.

-Eres tú quién me incitó a hacer todo lo que hice, tú tienes la culpa, tu voz retumbando en mi cabeza me estaba volviendo loca, sólo si hacía lo que me pedías podía descansar, no era libre, llegué a convertirme en una mera esclava, en tu sierva… Fue una equivocación… ahora…-dudé.

- Ahora es todo diferente…

Alargó su esquelética mano hacia mí, me señaló, con una expresión divertida, seguía sin verlo, pero lo intuía, sabía que todo le resultaba muy divertido.

-Eras libre para decidir, no me vengas con eso, yo… conseguiré quitarte eso de la cara, me resultas patética con ese maquillaje. Tú y yo de nuevo, juntos… para siempre…

La rabia desgarró mi interior, no quería volver a ser lo que era, no quería volver a estar con él, quería que saliese de mi vida, por eso estaba allí. Entrar en su sueño era la única forma de dejarle las cosas claras. Agarré mi pelo y tiré de él, tiré tanto que entre los dedos se me quedaron algunos cabellos oscuros. Comencé a reír, una mezcla de risa, llanto y rabia. Hace tiempo solía reír así y la gente me llamaba loca, o algunos simplemente me suplicaban que parase porque les causaba miedo… Me picaban los pies, y los toqué, mis manos se humedecieron con la sangre, me quedé quieta por unos segundos, él continuaba en la penumbra, silencioso, observando mi reacción. Volví a mirar mis manos, lo miré, corrí, mientras en mi cara se moldeaba una expresión de furia, corrí hacia la ducha, quería matarlo, ahogarlo con mis propias manos, hacerlo desaparecer…

Poco a poco la penumbra fue desapareciendo, estaba frente a él, a tan sólo unos centímetros, me quedé paralizada cuando subí mi rostro, no podía dar crédito a lo que mis ojos veían, busqué, busqué, busqué…

Y buscando en su mirada me sorprendí al comprobar que no había más ojos que los míos propios…


Ara


(Relato presentado a concurso en 2007, encontrado en el viejo baul de los recuerdos)

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